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TINO CASAL:
MEMORIAS DE UN VISIONARIO
Si alguna vez hubo un artista total en España ese fue sin duda José Celestino Casal Álvarez, más conocido como Tino Casal o simplemente Casal. Él fue cantante, compositor, productor musical, pintor, escultor y diseñaba su propia ropa, entre otras ocupaciones. A diferencia de la mayoría de los jóvenes que poblaron las noches de la famosa Movida madrileña, él ya era un treintañero en febrero de 1980, y gozaba de una base musical y artística de la que carecían por edad muchos de los músicos que surgirían en aquella década en España. Ya en 1964 había debutado como vocalista con el quinteto Los Zafiros Negros, formado en su Tudela Veguín (Asturias) natal. Dicho conjunto no llegaría a dejar nada grabado, algo que sí consiguieron los posteriores Los Archiduques, donde Casal repetía como cantante. Los Archiduques dejaron para los anales de la historia únicamente tres singles, los dos primeros editados en 1967 y el tercero en 1970. Después de este periodo llegaría su periplo como cantante solista, años de transición en los que publicaría dos singles y se alzaría como finalista en el Festival de Benidorm de 1978 con el tema “Emborráchate” (el primer premio sería para “Toro negro” interpretada por Yunque, aunque Tino recibió el premio al mejor intérprete del evento).
Sin embargo, Tino Casal no se encontraba a gusto con una nueva faceta que le perfilaba como mero intérprete de “canción melódica” al uso, debido a lo cual plantea un golpe de timón que le llevará a la postre a la creación de Neocasal, una de sus obras capitales. Antes de eso había compuesto un par de temas para Los Salvajes y dirigido completamente el efímero proyecto Goma De Mascar, inspirado en las correrías musicales de Giorgio Moroder. Ambos proyectos vieron la luz en 1979. Para entonces, Casal ya se había convertido en un habitual de las reuniones que se celebraban en el domicilio de la madrileña Calle de la Palma de la pareja de pintores Costus (Juan Carlos Carrero y Enrique Naya), espacio que se convirtió en uno de los centros neurálgicos de La Movida. Por allí pasaron, además de Tino Casal, personajes claves como Bernardo Bonezzi, Pedro Almodóvar, Fanny McNamara, Carlos Berlanga o Alaska, entre muchos otros. No cabe duda que la interacción entre Casal, Costus y la novia de Tino, Pepa Ojanguren, tuvieron gran importancia sobre todo en el aspecto estético de Neocasal, editado en 1981. El éxito del primer single de este álbum, “Champú de huevo”, tema dedicado a McNamara, abre un camino para Casal que atravesará muy diversas vicisitudes a lo largo de los años. Con el sencillo “Embrujada” el asturiano se convertiría en uno de los artistas más celebrados de la España de 1982, mientras que con Etiqueta negra (1983) llegaría la confirmación definitiva de Tino Casal como “Rey del Glam”.
Musicalmente, no cabe duda de que la primera época de Casal fue la más influida por el glam, dado que sus posteriores trabajos se irían alejando de tal convención para adentrarse en terrenos que podían beber alternativamente y de manera combinada de géneros como el pop, el techno o la música disco, por citar unos cuantos. Estéticamente y en cuanto a imagen, el artista continuaría manteniendo durante toda su carrera una actitud típicamente glam, con constantes cambios de look y una persistente atracción por lo kitsch y la hipérbole. Sólo un desgraciado accidente de tráfico pudo truncar la carrera de Tino Casal, algo que ocurrió al amanecer del día 22 de septiembre de 1991. Multitud de proyectos e ideas quedarían sepultados para siempre aquel día, pero afortunadamente permaneció la rica y multidisciplinar trayectoria de un hombre que vivió por y para el arte, en la más amplia extensión de la palabra.
Una mirada a su Etiqueta Negra de 1983
En una ocasión el productor y locutor radiofónico Julián Ruiz comparó “Miedo”, tema que abre Etiqueta negra, con el sencillo del artista M (cuyo auténtico nombre es Robin Scott) “Pop Muzik”. Aquel cantante folk británico, amigo de Malcolm McLaren, en los 70 se pasó al rock comercial y en pleno 79 se adscribió a una extraña facción de la new wave gracias a la tonadilla de marras. Sin embargo, el Tino de 1983 está a años luz de tan oportunista valedor.
Aquel tema escogido para comenzar su segundo asalto en larga duración, y aunque de primeras pareciese que pesca rimas juntando lo más distante y bizarro que se le pasase por la cabeza a Casal, realmente hace referencia a conceptos inquietantes como el mundo de los muertos, los milagros del antienvejecimiento (vía Miss Aslan) o las temidas drogas. A partir de ese momento, y por medio de diversas canciones que mezclan la imagen glam y de new romantics con el techno pop, el artista ofrece su particular universo de letras que de contingente tal vez banal a primera vista para los no iniciados, poseen un corazón y un contenido muy estudiado, dotando a todo de dobles sentidos y de un amor por la musicalidad de las palabras que no se escuchaba desde que ABBA saltaran al estrellato.
Subrayar cosas como “African chic”, adelantándose por tres años al pop étnico de Paul Simon en Graceland (1986), o el derrotismo de un abatido Tino en “Etiqueta negra” y “Póker para un perdedor”, aunque ambas posean una imaginería pop en sus hechuras impensables para la época (gran parte de culpa la tiene la influencia de Split Enz y otras formaciones de igual pelaje art pop). Y así fluía un trabajo que lo mismo te podía fusionar ritmos latinos a lo bachata con tecnológicos sampleados y unos estribillos populares o festivos (“Azúcar moreno”) como rompía moldes con “Legal, ilegal”. Antes de que terminase ese 83 se edita una nueva versión del álbum, aunque ahora con el bombón extra que resultaba la canción “Tigre bengalí”, corte ideado para la banda sonora de Sal gorda (Fernando Trueba).