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SMALLCREEP'S DAY:

MIKE RUTHERFORD ADAPTA MUSICALMENTE LA OBRA DE PETER CURRELL BROWN

En 1978, y como bien avisaba el título del LP ...And Then There Were Three..., dentro de la agrupación británica de rock progresivo Genesis sólo quedaban tres piezas: Tony Banks, Phil Collins y Mike Rutherford. Aquel disco contenía el sencillo “Follow You Follow Me”, pieza que por primera vez hasta aquella fecha logra situarles dentro del American Top 40. Aun así, el vinilo del 78 parecía querer probar que podían seguir erguidos cual trío unos instantes antes de marcar el periodo de transición que anhelaban estos restantes capitanes de un trasatlántico cuyos camarotes cada vez se hallaban más vacíos. Y resultó que dicho impasse duró aproximadamente dos años, el tiempo que tardaron en dar la vuelta a la tortilla y publicar Duke en 1980; un año, por otro lado, que vería el estreno solista de Rutherford gracias a Smallcreep’s Day.

 

Smallcreep’s Day salió al mercado sólo un mes antes de que el Duke de Genesis llegase para quedarse gracias a piezas de la rotundidad de “Turn It On Again”, “Behind The Lines” o “Duke’s Travels”. Sí, el tridente progresivo había cambiado de camisa y ahora lucía unas mangas totalmente art pop con las justas costuras de rock para no perder el patrón primero; sin embargo, y aunque gran parte de sus acólitos renegaron del combo por el remarcado giro, no fueron pocos los nuevos oyentes que se unieron a estos renacidos Genesis. Pero regresemos al larga duración de Mike, ya que otros aromas se olían con el evolucionar de la aguja sobre los surcos de su trabajo de estudio. El propio multiinstrumentista aseguraría a posteriori que descubrió entonces el peso y la importancia cual ayuda que habían tenido el resto de los componentes de Genesis a la hora de crear cada nuevo riesgo compositivo. Aquí se encontraba solo y desde el principio sintió que la construcción de un edificio sónico como lo es Smallcreep's Day le estaba costando más esfuerzos de los imaginados a la hora de enfrentarse con el papel pautado.

 

El LP ve colmada su cara A por la suite que da título al disco, un viaje en siete partes inspirado en la obra surrealista de Peter Currell Brown. En 1965 este autor británico natural de Colchester, y bajo el auspicio de Victor Gollancz Ltd, publicaba la que sería su única novela, una historia que pareciese fábula con moraleja incluida. Pinquean Smallcreep es un abnegado operario de una inmensa fábrica, un lugar interminable, lleno de espacios que se multiplican, de vías de tránsito que hacen de la edificación puro laberinto. Un día, al que hace referencia el título del libro, Smallcreep se ausenta de su puesto de trabajo únicamente con el siguiente fin concreto: recorrer el resto de la fábrica, descubrir su inmensidad. Desde ese momento, el lector se adentra en un mundo de relaciones humanas por el que Currell Brown aprovecha, con talento y humor absurdo, para criticar la sociedad industrializada, los humanos que forman parte de engranajes imposibles de ser desmontados pues se corre el riesgo de la fractura de lo bien visto, de lo que para las mentes caducas, conservadoras y moralistas es el “camino correcto”.

 

En esta suite se nos narra la manera en la que Pinquean trabaja entre el tic y el toc del reloj, siempre manteniéndose en la fila, hora tras hora, en un lugar tan familiar como desconocido, hasta el momento en el se queda solo y le captura esa luz del día que no es otra que la simple posibilidad de moverse a sus anchas por el laberinto. Mike Rutherford inicia este camino con una música que de casi ambiental muta a regocijo rítmico espoleado por la voz de Noel McCalla (cantante que en los años 90 militaría junto a Manfred Mann’s Earth Band). En la segunda mitad de “Smallcreep’s Day” existen hasta tanteos con el jazz rock de talante progresivo, brioso, de cabalgada segura, para a la postre, y en los últimos cinco minutos, mudar en balada que da con el fin del día de Pinquean.

 

"Oh, te necesito ahora, a través de las noches solitarias...

Y cuando la mañana caiga sobre nosotros,

Te estaré agarrando muy pegada a mí".

 

Anthony Edwin “Ant” Phillips, excepcional guitarrista que sólo había participado en los dos primeros discos de Genesis, se ocupa en el LP Smallcreep’s Day de los teclados, ofreciendo auténticas clases de dominio frente al instrumento. Su delicadeza en unas ocasiones y empuje vitalista en otras hace, ante todo de la pieza título, una piedra preciosa entre el rock experimental y el art rock.

 

En la cara B, como pasase en el 2112 de los canadienses Rush, hay unas cuantas canciones que se desvinculan de la narración en la que se inspira la cara inicial. Aquí Mike Rutherford nos plantea unas imágenes más comerciales en cuanto a estructuras se refieren, como es el caso de “Moonshine”. “Romani”, por su parte, pareciese querer seguir la estela dejada por ...And Then There Were Three..., mientras “Every Road” se escora a la balada acústica de guitarra en ristre, con la pandereta ensanchando el ambiente de bucólico frenesí. “Time And Time Again” pasa sin pena ni gloria y “Overnight Job” convence sólo a los totalmente rendidos a las labores de Rutherford componiendo, a esos fanáticos irredentos.

 

Quedaban cinco años, y otro disco firmado con su nombre entre medias, antes de aterrizar en la escena musical pop con clase y elegancia el proyecto Mike + The Mechanics. Canciones como “Silent Running (On Dangerous Ground)” y, ante todo, el éxito mundial que resultó “Over My Shoulder”, parecían borrar del mapa un disco que merece ser recuperado, ante todo por esa suite que rinde homenaje al ingenio de Peter Currell Brown, un ecologista convencido y activista nato que se enfrentó a los submarinos Polaris únicamente remando con sus compañeros de plataforma sobre kayaks.

¿Conocías este elepé? ¿Qué te parece como adaptación musical de una obra literaria? ¿Consideras a Mike un músico infravalorado? A hablar en la caja de comentarios.

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