

Undeloreanalos80 es el mejor y más entretenido
centro de curiosidades de la cultura de los años 80.







LÍNEAS PARALELAS:
DISCOS CON PORTADAS ICÓNICAS Y SU SIGNIFICADO
En 2016, el cronista y arqueólogo musical Xavier Valiño, autor de muy diversos libros sobre este campo, publicó bajo la editorial Milenio (en su colección Vinilomanía) la obra La Cara Oculta De La Luna. Las 50 Portadas Esenciales Del Rock. Tres años después, y gracias a Líneas Paralelas, ofrece una continuación a tan interesante propuesta en la que explicar las razones, simbologías, sentidos o mismamente el nacimiento de tantas y tantas portadas icónicas. Utilizando el termino rock como aglutinador de diferentes vertientes sonoras hijas de la cultura popular, Valiño realiza un viaje de décadas para sumergirnos en análisis sobre el arte que encabeza nuestros discos favoritos. Un DeLorean A Los 80 ha querido charlar con Xavier para así poder preguntarle por algunas de las portadas de la década que da sentido a esta Web.
En La cara oculta de la luna hablas, por ejemplo, de la portada del elepé Koo Koo de Debbie Harry publicado en 1981. Aunque la dirección artística es de Peter Wagg y la fotografía de Brian Aris, el concepto y la realización corren a cargo de H.R. Giger. Las creaciones de este artista han sido utilizadas, en el mundo de la música, por bandas o proyectos tan dispares como Emerson, Lake And Palmer o Danzing. Háblame un poco de su relación con el vinilo de Debbie y sobre la realización del videoclip de “Now I Know You Know”.
La relación parte de cuando Debbie Harry y Chris Stein, líderes de Blondie, ven Alien en un cine de Nueva York en 1979. Quedaron tan impactados que se propusieron identificar y conocer al responsable de las criaturas que aparecen en el film. Era, como has dicho, el pintor surrealista suizo, escultor y diseñador de escenarios H. R. Giger. Él fue quien acabó diseñando la portada del debut de Harry en 1981, en la que incluyó cuatro estiletes cruzando la cara de la cantante y para los que se inspiró en un tratamiento de acupuntura que estaba siguiendo entonces. Para él, aquellos estiletes de clara belleza macabra representan también los cuatro elementos de la naturaleza: “los ojos, el fuego; la nariz, el aire; la boca, el agua; y el cuello, la tierra. Había un quinto elemento que solo se ve en el vídeo, el espíritu. Había trabajado con el surrealismo sin darme cuenta”. En el vídeo, ese “Now I Know You Know” que citabas, Harry aparece con una larga peluca negra y un ajustado corpiño pintado con aerógrafo por el artista, moviéndose sensualmente en un escenario decorado con los trabajos ‘biomecánicos’ de Giger. Aquello le supuso darse a conocer a un nivel más amplio, tanto que reconoció que “Hasta que aparecí en televisión mis vecinos me trataban con muchas sospechas. A partir de entonces no volví a tener problemas”.
Salto ahora a tu nuevo Líneas paralelas. Siempre me pareció muy interesante la doble vía artística que demostró tener David Robinson en sus años como miembro de The Cars: por un lado, como baterista del conjunto; por otro, actuando en el papel de director artístico del quinteto. Háblame un poco de este segundo papel, tan importante en las portadas que representaron al conjunto.
Cierto, no mucha gente ha reparado en ello, pero el verdadero responsable de la parte artística de The Cars fue David Robinson, baterista del grupo. Él pensó en poner coches en las portadas de los discos, que no es que se pueda considerar precisamente la idea más original y afortunada cuando tu banda se llama The Cars. Sin embargo, las cubiertas de sus álbumes escapan a lo previsible, a la vulgaridad y, además, en un caso en concreto ha quedado como una de las más afortunadas de la historia del rock: la de Candy-O, su segundo disco de 1979. Lo que sucede es que David Robinson, que hoy tiene su propia galería de arte en Massachusetts, siempre estuvo muy interesado por el arte e inició pronto una colección privada. Desde que se estableció en California se fue haciendo con una decente colección de pin-ups (fotografías o ilustraciones de chicas ligeras de ropa y en actitud sugerente que solían figurar en las portadas de revistas, cómics, calendarios, etc.) y, por eso, para la portada de su segundo disco, Candy- O (1979), pensó que nadie mejor para ello que Alberto Vargas, probablemente el ilustrador más conocido en este ámbito. Aunque estaba jubilado desde hacía años, fue su sobrina, seguidor del grupo, quien lo convenció para aceptar un último encargo antes de morir tres años después.
El equipo Hipgnosis siempre ha significado mucho para mí en cuanto a creadores de arte para portadas se refiere –de hecho, son mis preferidos–. Una de las portadas de los años 80 que analizas en Líneas paralelas y que destacan sobremanera es la del retrato de Peter Gabriel para su disco III. No es la única vez que tratas sobre Hipgnosis, ni en este nuevo libro ni en el ya citado La cara oculta de la luna. Háblame de tu primer encuentro con alguna de sus obras y lo que han significado para ti.
La verdad es que no soy consciente de cuándo me enfrenté a una portada de Hipgnosis por primera vez. Estaban alrededor todo el tiempo y no sabías que ellos eran los responsables de la imagen de Pink Floyd, Led Zeppelin, Peter Gabriel… Son, sin duda, el colectivo o artista de mayor creatividad a la hora de diseñar portadas y por eso aparecen varias veces en ambos libros, además de que tienen grandes historias y anécdotas detrás, que merecen la pena ser contadas. Su arte, tanto cuando no era consciente de ello como ahora cuando lo soy, me ha abierto la mente, me ha hecho apreciar la creatividad y querer ir más allá. A día de hoy aprecio y me gusta mucho una portada como la de XTC para su disco Go 2, aunque casi prefiero no explicarla aquí y, si alguien tiene interés, que busque información por algún lado o en el libro. Solo me gustaría decir que, curiosamente, en esa portada se nota la influencia del punk que fue precisamente lo que acabó con el equipo de diseño poco después.
Una de las portadas más icónicas del hip hop de los 80 es la del álbum Licensed to Ill (1986) de los Beastie Boys. ¿Cómo crees que representaba a la banda en aquellos momentos y a su unión con el sello Def Jam?
Para un trío de blancos que hacía rap en los años 80 no había muchas opciones. Mejor llegar explosionando que pidiendo permiso. Y así lo hicieron: con sus letras descaradas y agresivas, con un sonido irrepetible que sirvió para que lo catalogaran como “el único álbum de punk-rock-rap” y una carátula que, desplegada, impactaba y era imposible olvidar, consiguieron plenamente su objetivo. Si de las dos primeras partes de la ecuación fue responsable el trío, con la ayuda del productor Rick Rubin (el capo del sello Def Jam), en la cubierta no tuvieron nada que ver, y ahí Rubin se puede considerar el único ideólogo. Hasta entonces, con los seis singles que le precedieron, The Beastie Boys se habían encargado de todo, incluyendo las fotocopias de los anuncios de sus conciertos o unas simples y directas portadas sin mayores artificios, ya que, según sus palabras, “eso es lo que hacían los punk rockers”.
Volvamos a La cara oculta de la luna. En ese libro, y en el apartado dedicado a los años 80, subrayas la labor de Jean-Paul Goude como fotógrafo y creador del concepto de la portada del vinilo de Island Life (1985) de Grace Jones. Dices que fue él la persona que le ayudó a crear su imagen definitiva a nivel artístico. Háblame de esa relación y de cómo dio Goude con esa misión para su musa.
Se conocieron en uno de los clubs neoyorquinos donde Grace solía actuar, Les Mouches, mientras bailaba en topless delante de un público gay al son de su canción “I Need a Man” (“Necesito un hombre”). Nada más apropiado. Ella acababa de editar su primer disco y él ya tenía una carrera como ilustrador, diseñador y fotógrafo. Cuando se encontraron, él planeó transformarla físicamente. Le propuso cortarse el pelo al cepillo, ponerse un maquillaje atípico y adoptar una imagen andrógina. Con esa apariencia perturbadora que, de paso, cuestionaba agresivamente tanto los estereotipos raciales como los sexuales y de género asociados al cuerpo de una mujer negra, Jones sacó todo el provecho posible de su ambigüedad y creó los impactantes primeros planos que la convirtieron en diva de la pasarela y estrella de la noche neoyorkina. Desde aquel momento, Goude diseñó y controló todo lo que tuviera que ver con la imagen de su pareja, especialmente con las portadas de toda su discografía (como la del disco Island Life), las coreografías de sus presentaciones en directo, la vestimenta de sus apariciones públicas, sus anuncios televisivos o los videos musicales. Su encuentro les cambió la vida a ambos, aunque acabaran separándose. Él llego a confesar que “Durante meses nos dedicamos exclusivamente a beber, fumar, bailar y fornicar. No había nada de fraude en su reputación de una vida al límite. Y yo viví un tiempo maravilloso”.