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BIENVENIDO A LA JUNGLA:

JOHN MCCLANE VS. HANS GRUBER

Que Bruce Willis es un actor a reivindicar resulta algo incuestionable. Los más rectos cinéfilos con miedo al qué dirán ensalzarán únicamente a los mastodontes De Niro y Pacino, la escuela brava. Mis filias siguen iguales derroteros, aunque no puedo perder una línea sin ensalzar a este auténtico buscavidas. Quién habría podido dar mayores y mejores laureles a una serie en su fondo sosaina como Moonlighting (Luz de luna). Willis, sin olvidar al tándem formado por el Señor Viola y la Señorita Topisto, con sus surrealistas locuras, puso en boca y retina de todos los televidentes otra forma de interpretar. Todavía no era el héroe del Nakatomi Plaza cuando ya estaba haciendo desternillarse a medio Estados Unidos interpretando a David Addison Jr. La serie duró de 1985 a 1989, y en el penúltimo año de emisión le llegó la oferta que no rechazaría ni el más beodo. Die Hard era una perita en dulce, un cambio de rol para un actor que se había desfogado y ganado los primeros callos de picapedrero apareciendo en capítulos sueltos de series inolvidables como Miami Vice, o el arte pop pasado al Miami más hortera, y The Twilight Zone, espacio de culto para todo aquel forofo de lo paranormal.

 

Casado hacía un año con Demi Moore, otra actriz en alza, Bruce se presenta en la gran pantalla bajo las ordenes de John McTiernan, que aprovechaba el tirón tras encumbrar a “Arnie” Schwarzenegger en Predator (Depredador). De aquel filme de jungla y con un villano para Arnold que podría ser sin problemas el primo de Zumosol del pegajoso E.T. en un día malo, el director salta a la gran ciudad, o más en concreto al pequeño universo que conforma un rascacielos. Esto tiene algo de El coloso en llamas, sólo que aquí Willis y unos terroristas malencarados ponen su granito de arena para dejar el Fox Plaza (edificio real en el que se recreó el ficticio Nakatomi) hecho unos zorros. El largo, basado en la novela de Roderick Thorp “Nothing Lasts forever”, obtuvo cuatro nominaciones a los Oscar, aunque todos ellos centrados en el campo de los efectos visuales, de sonido o montaje. Está claro que el detective John McClane bastante tenía con no dejar a un terrorista sano como para llevarse más premios. Ahora bien, las andanzas de este policía casero pero que pareciese sacado de las enseñanzas castrenses de The Green Berets, o mismamente de la segundona pero entrañable Delta Force, nos hicieron descubrir algo más que la cara beligerante de Bruce Willis. Hans Gruber, líder implacable de la facción germana que toma tan magno edificio, se encontraba interpretado por el actor británico Alan Rickman. Los más polluelos puede que lo descubran tarde y mal en las correrías del brujo con acné Potter, Harry Potter. Sin embargo, este hijo de la Union Jack ha dejado personajes para el recuerdo como aquel Sheriff de Nottingham en Robin Hood: Prince of Thieves (que junto al actualmente abonado a cualquier alfombra roja, Morgan Freeman, daba algo de vida a este estreno de 1991), el Eamon de Valera de Michael Collins (1996) o la descacharrante parodia a Mr. Spock en Galaxy Quest (1999) metiéndose en las mallas de Alexander Dane. En Die Hard hacía su puesta de largo en cuanto a películas para la gran pantalla se refiere, y capitaneaba a estos malos, etapa pre Al Qaeda, con mano dura y semblante congelado por el hielo de sus venas.

 

La historia es simple, resumiéndose en la definitiva salvación del secuestro al que tienen sometido estos tunantes al Nakatomi Plaza que, para más señas, resulta la localización en la que se ubican las oficinas de la multinacional en la que trabaja la esposa del protagonista McClane (una Holly Gennero que cobraba algo de credibilidad gracias a un rasposa interpretación de Bonnie Bedelia). El resto es simple paja, ya que realmente Die Hard se sostiene gracias al duelo entre esos dos grandes titanes que son Willis y Rickman. El primero descalzo, el segundo dirigiendo el cotarro desde el asiento “tomado prestado” al presidente de la empresa; ambos moviendo sus piezas de ajedrez de planta en planta, las de Alan personificadas en fornidos esbirros y las de Bruce reducidas a chascarrillos macho man y más recursos que el mismísimo MacGyver. No hay que olvidar la aparición del actor Reginald VelJohnson, que al año siguiente comenzaría su encasillamiento en el papel de padrazo pachanguero y defendiendo el honor de la blaxploitation triturada para serial de tarde en sillón y pantuflas que resultó ser Family Matters (siguiendo de cerca la estela de The Cosby Show). Ha dado en el clavo, me refiero al sobreactuado pater familias Carl Otis Winslow. Aun así, en La jungla de cristal únicamente hacía de policía que desde el exterior echa una mano al héroe (aunque más parece la línea de la esperanza, debido a las charlas por el walkie talkie que se traen). Y esa es otra, ¿La jungla de cristal? Por qué, si para Suramérica se dejó como Duro de matar (traducción literal). ¿Jamás pensaron que podría tener una continuación y que su temática tal vez transcurriese en otros escenarios? Expedientes X, sin duda.

Y tú, ¿eres más de la primera Jungla De Cristal o de sus secuelas? ¿Crees que el papel de John McClane es uno de los mejores personajes que ha interpretado Bruce Willis en su carrera?

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