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FUNDIDO A NEGRO:

DE CUANDO MATABAN A MICKEY ROURKE EN PANTALLA

Dennis Christopher no es que disparase su carrera gracias a este filme de 1980, pero lo que sí es cierto es que su interpretación da vida a un largometraje que, entre sus curiosidades, presenta a un Mickey Rourke recién salido de ese Reese de 1941 –aquel proyecto de Steven Spielberg que le salió rana a ojos de la crítica especializada–. Ya lo magnifico con toda la razón del mundo desde estas primeras líneas, pues sin Dennis en el papel del retraído cinéfilo Eric Binford el guión habría quedado cual papel mojado y todavía más mancillado –¿por qué Joseph Timothy “Tim” Thomerson tenía que hacer del Dr. Jerry Moriarty? ¿Le habían hecho algo malo los espectadores a Vernon Zimmerman para que los tratase así?–.

 

Zimmerman se ocuparía de dirigir este artefacto slasher, al igual que de escribir toda la trama tan trufada de asesinatos como de rendidas y tributarias genuflexiones en salutación al cine clásico de género. De seguro habrás escuchado o leído alguna vez sobre las masacres que han pergeñado en alguna ocasión ciertos jóvenes estadounidenses que, perdidos en una sociedad que no es la suya ni les comprende, pierden la razón, se les cae un tornillo del cerebro de camino a la escuela y montan la de San Quintín. Pues el caso del enjuto Binford es bastante similar. Su mundo son las películas antiguas, ese universo lleno de pasiones incontrolables, honor, amor, venganzas de opereta y principios inamovibles. Vernon, el artífice de que Claudia Jennings se convirtiese en la reina de la roller derby gracias a The Unholy Rollers (1972), convierte a Dennis Christopher en un diabólico matarife adicto a la vendetta cuando su tía Stella (Eve Brent Ashe) rompe de un bastonazo el casero proyector para bobinas de celuloide que atesora en lo más profundo de su dormitorio.

 

Resulta de una significación simple pero muy representativa: desaparecido el aparato que da vida a las películas, Eric decide escenificar sus favoritas llevándolas hasta las últimas consecuencias. Pura justicia poética. Para los que se rieron de él, le menospreciaron o se aprovecharon de su bondad, el nuevo Binford tiene preparadas las muertes más cinematográficas imaginables. Se vestirá de vampiro, mafioso salido del mismísimo Chicago de los hampones, momia errante o erguido cowboy de mano rápida y dedo siempre en el gatillo. De igual manera, y a la par, busca encandilar a la pavisosa Marilyn O’Connor (Linda Kerridge), una chica de singular parecido con la gran Marilyn de Hollywood, la Monroe, dama que sigue viva en la cabeza de Eric Binford. En el tramo final emulará junto a O’Connor a los protagonistas de El príncipe y la corista, aunque en la conclusión cae muerto, abatido por la policía, desde las alturas del Grauman’s Chinese Theatre y sintiéndose Arthur “Cody” Jarrett –el rol de James Cagney en White Heat–.

Puede que Mickey Rourke pareciese un Don Nadie en Fade To Black, pero en los diez años que siguieron a esta película aparecería en papeles relevantes o de protagonista en títulos como La Ley De La Calle, Nueve Semanas Y Media, El Corazón Del Ángel o Johnny El Guapo, entre otros. ¿En cuál de los filmes de los 80 en los que participó crees que tiene mejor papel o que actúa con mayor acierto? Vamos, la caja de comentarios te espera.

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