top of page

EL WALKMAN:

CLIFF RICHARD YA LE DEDICÓ UNA CANCIÓN EN 1981

El británico Cliff Richard llevaba la palabra éxito pegada en la frente desde que su primer elepé Cliff alcanzó el puesto número 4 de las listas inglesas. En apenas dos años, y con cuatro nuevos trabajos a engrosar los estantes discográficos, Richard termina de ascender a la primera posición de los charts de su país. En 1961, año en el que tiene al público rendido en un ciento por ciento, se decide que es el momento preciso para exprimirle el jugo a la gran pantalla, vía película juvenil con su correspondiente banda sonora. The Young Ones y Summer Holiday, los dos primeros bombazos en este sentido de Cliff en la mermelada de celuloide, se vieron continuados con una tercera Wonderful Life en la onda de las catalogadas como beach movies, largometrajes perpetrados para conectar con la chavalería enfebrecida por días de vacaciones y algo de manoseo inocentón en la playa. Aquí, siguiendo la norma desde su debut en larga duración, el cantante se hace acompañar por el cuarteto instrumental The Shadows –el guitarrista Hank B. Marvin y su banda comenzaron acreditados en 1959 como The Drifters–.

En los diez primeros años editando bajo su nombre, Richard presenta catorce elepés de estudio, cinco bandas sonoras, dos directos –incluyendo el ya citado e iniciático Cliff, pues se grabó como un live-in-the-studio revisitando clásicos del rock and roll– y más de cincuenta singles, entre ellos ese “Congratulations” con el que fue a Eurovisión en 1968 (quedando segundo tras el “La, la, la” interpretado por Massiel). Sin embargo, a partir de 1964 empieza a dar mayor importancia al cristianismo (fue bautizado cual anglicano en su infancia), involucrándose en diferentes proyectos musicales paralelos centrados de difundir su fe. Su apoyo al pastor Billy Graham y su cada vez mayor importancia dentro de dicha comunidad, lo hacen replantearse su carrera y duda si retirarse de los grandes escenarios. Sin embargo, la industria decide que Cliff va a regresar a los estudios de grabación con unas miras orientadas hacia el rock. Para 1976, Cliff Richard tiene ya treinta y seis años, y algunos lo consideran ya un cantante fuera de onda. Aun así, el plan de rejuvenecimiento estilístico funciona inesperadamente bien.

Todo comienza gracias al vinilo de ese mismo año titulado I’m Nearly Famous (Soy casi famoso), de título socarrón y cargado de canciones que fijan su mirilla en la diana del soft rock más abierto y comercial. Su viejo camarada Bruce Welch, ex The Shadows, se ocupa tanto de la producción como de los arreglos de casi la totalidad del trabajo. Así arranca una campaña que entremezcla discos espirituales con otros con fijación por la FM (Rock ‘N’ Roll Juvenile y su sencillo superventas “We Don’t Talk Anymore”). Cuando en mayo de 1981 se llega a las sesiones de grabación de Wired For Sound, Cliff ha grabado más de cinco larga duración desde I’m Nearly Famous y ahora es Alan Tarney su mano derecha. Él es el culpable de “We Don’t Talk Anymore” y del álbum que vendría después (I’m No Hero), donde escribe gran parte del temario. En Wired For Sound repite a la producción y firma las piezas más famosas del mismo: ese power pop aprovechando en su temática la comercialización del Sony Walkman que es el tema título; en la misma onda de baterías imperantes pero algo más caribeño se luce “Oh No, Don’t Let Go”; y ya totalmente puesta la oreja en la onda soft rock de Christopher Cross, y en las producciones de Michael Omartian, suenan “Once In A While”, “‘Cos I Love That Rock ‘N’ Roll” (tan neoyorquina) o “Young Love”. Funcionan igualmente bien “Lost In A Lonely World”, “Broken Doll” o el cover grabado en directo del “Daddy’s Home” original del conjunto de doo-wop Shep And The Limelites (que EMI publica cual canción para las navidades de aquel 1981).

Y tú, ¿eras de los que, como yo, no podías salir a la calle sin el walkman? ¿Recuerdas cuál fue la primera casete que pusiste en tu walkman o la que más sonó por tus auriculares?

bottom of page