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BRYAN FERRY EN 1987:
UN DANDI POP EN LA CORTE DE LOS NUEVOS TIEMPOS
Bryan Ferry, más porque él lo dice que por ser una auténtica realidad, se enorgullece de representar al auténtico dandi de la canción. Pero más allá de sus desvelos por la elegancia está su apasionamiento con el postularse por lo imperante, en ese candelero cuyo calor siempre se encuentra a los grados justos de modernidad. Le eriza los cabellos el estar ahí, aunque no mojarse el culo por el riesgo. Ya se demostró en Roxy Music gracias a aquellos roces con un Brian Eno que vería la calle, dejando al conjunto sin la dosis de experimentación que hicieron de LPs como Roxy Music y For Your Pleasure piezas de coleccionismo sibarita.
En 1987, y pretendiendo una segunda parte en éxito para la gran masa que le había obtenido en honor a su ego dos años antes un redondo titulado Boys And Girls, Ferry busca en Patrick Leonard un nuevo docente en artes mágicas, doctorado en conocimientos de ese vulgo que se deja el sudor en las discotecas de moda –en las de los 80, no en los psicóticos pabellones veinticuatro horas sobre veinticuatro de la actualidad–. Bête Noire saldrá del parto como trasunto entre funk-pop de prescripción disco y un decálogo de los buenos modales para ser crooner enfundado con chaqueta de lentejuelas brillantes y peinado de escritor bohemio del Greenwich Village –aunque Bryan sea del Washington británico de Sunderland–.
La seducción en las cuerdas vocales lleva al cantante a tocar el pecado (“Seven Deadly Sins”), frecuentando la compañía de damas selectas con alma de felino (“The Right Stuff” y su texto revelador: «Tienes tu dinero en la mesa y el diablo en tus ojos. ¿Quién es esa mujer con la sonrisa torcida?»), o imaginando amores futuristas en asentamientos misteriosos (“New Town”). Sólo con pasear por las estrofas de “Limbo” se podrá deleitar con descripciones más de fotograma y bofetada en la cara que de la mera consecución de frases buscando el poema fácil.
Aquí es tan esencial contenido como continente, y cuanto más breve sea el segundo más deberá ampliarse el primero. En cierta manera se podrían tender puentes entre este álbum y lo grabado por Tino Casal en sus vinilos tras la publicación del primer y más glam Neocasal. Tendrá algo que ver el productor Julián Ruiz y esa historia de que tanto él como Ferry comparten sastre británico. Lo dudamos, pues Casal veía esto venir ya desde 1983.
¿Cuál es el elepé de su carrera como solista que más te gusta de Ferry? ¿Lo prefieres dentro o fuera de Roxy Music? Justo en la caja de comentarios que tienes bajo este texto puedes contestar a ambas preguntas... o comentar lo que prefieras sobre este vocalista.